Un renovado interés en el papel de la neuroinflamación como motor de la enfermedad de Alzheimer ha llevado a realizar recientes ensayos clínicos para comprobar su papel como diana terapéutica.

Durante la primera de década del 2000, estudios fallidos provocaron una desilusión en la posibilidad del uso de tratamientos anti-inflamatorios para la enfermedad de Alzheimer. No fue hasta hace tres años cuando interesantes hallazgos sobre los riesgos genéticos de la enfermedad de Alzheimer agrupados en torno al sistema inmune comenzaron a aparecer. Estos hallazgos muestran que los fenotipos de las dos células principales que componen el sistema (astrocitos y microglia) cambian en el transcurso de la enfermedad lo que tiene consecuencias sobre la microglia, encargada de producir las citoquinas, el componente químico para la inflamación.