Actividades espirituales y religiosas

Con frecuencia la religión juega un papel importante en las personas de más de 65 años que han recibido una educación religiosa y la han practicado buena parte de su vida, sea cual sea su religión.

En su infancia han aprendido a rezar (el Padre Nuestro...) y estas oraciones han quedado profundamente gravadas en su memoria, así como recitar el rosario, los cánticos… Están acostumbrados a ir a la iglesia y presenciar la misa.

Sea consciente de que las costumbres y forma de vida evolucionan. Su actitud personal  frente a la religión puede no ser  la misma que la de sus padres. Hay que recordar que para ellos la religión y su práctica estaban integradas en su vida diaria, siendo la iglesia un lugar muy frecuentado. No renuncie a las actividades religiosas y espirituales que pueda realizar con ellos

  1. ¿Cuáles son las ventajas de estas actividades?
  2. ¿Cómo organizarse?

 

1- ¿Cuáles son las ventajas de estas actividades?

Recurrir a estas actividades religiosas conlleva cinco ventajas:

1- Ayuda a la reminiscencia del pasado ya que se pueden combinar con imágenes, objetos, acontecimientos que le recuerden su juventud (bautizo, comunión, boda, convivencias...).Ver apartado 14 de este capítulo, “El recuerdo del pasado".

2-  Ayuda a la estimulación de la memoria, como la musicoterapia y el recuerdo de canciones bien conocidas.

3- Ayuda a la socialización y facilita la relación con el cuidador y los demás miembros de la familia. De hecho, el enfermo puede rezar acompañado de su cuidador... pero también en grupo con los demás familiares o amigos.

4- Ayuda a crear una rutina, siempre positiva en la vida de estas personas. Se puede rezar una o varias veces al día, en casa o en la iglesia.

5- Es bueno para el enfermo, tanto para su autoestima como para su bienestar general, que pueda continuar practicándola. Las personas afectadas por la enfermedad conservan durante largo tiempo la lucidez y se dan cuenta de lo que sucede a su alrededor.

 

2- ¿Cómo organizarse?

Recite con él las oraciones que aprendió en su infancia

Escoja los rezos que conozca de cuando era joven. Recítelos de forma rutinaria:

  • las mismas oraciones todos los días,
  • en el mismo orden,
  • ayúdele si ha olvidado ciertos párrafos.

Saque las fotos que evoquen momentos religiosos en su vida: bodas, bautizos de los niños, los nietos, primera comunión, etc.

Hágale preguntas sobre ello, sobre las personas que aparecen en las fotos.

Utilice símbolos fáciles de reconocer y asociar a actividades religiosas.

Encuentre su rosario, su misal, su crucifijo. Háblele de estos objetos: para qué sirve quién se los regaló, cuándo los ha utilizado... Emplee estos objetos para crear un diálogo.

Utilice los lugares de culto donde tenía costumbre ir (iglesia, capilla, peregrinación)

Si su familiar aún puede desplazarse, asistan al culto aunque tengan que marcharse antes del final. Dese cuenta que los bancos y las sillas son también lugares donde puede descansar. Puede incluir en sus paseos una parada en la iglesia.

 

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