Microbiota

¿PUEDE LA “MICROBIOTA” INTESTINAL ORIGINAR O REGULAR LA PROGRESIÓN DE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER (EA)?. ¿SE PUEDE CONTRARRESTAR LA EA REGULANDO LA MICROBIOTA?

A raíz de la publicación de un trabajo de investigación por investigadores de la Universidad de Shanghai (China) [Cell Research (2019) 29:787–803; https://doi.org/10.1038/s41422-019-0216-x], en el que no sólo se confirmaba que la “disbiosis” (incremento de la flora patógena) en el intestino era causa de EA e inducía la progresión de esta enfermedad, sino que se podía prevenir la EA o disminuir su progresión normalizando la flora intestinal con un producto obtenido de algas (oligomanano), se ha abierto una polémica internacional sobre la realidad científica publicada y la eficacia de este posible nuevo tratamiento. La FAE analiza estos hechos.

En el trabajo publicado se recogen diversos resultados de investigaciones en modelos animales de EA y en humanos, así como ensayos clínicos de tratamiento de la EA con una nueva  substancia , todo ello basado en la presunta implicación de los cambios de la flora intestinal en la génesis y progresión de la EA. De manera resumida en el trabajo se reseña:

  • Se confirma la correlación entre la “disbiosis” (cambio en la composición de la flora intestinal que pasa a ser patógena/tóxica pare el huésped) y el desarrollo de la EA. El intestino de los vertebrados está colonizado por millones de bacterias pertenecientes a diversas familias. De manera genérica nos referimos a ellas como “microbiota”. En condiciones normales predominan aquellas que denominamos “simbióticas”, es decir, que viven en el intestino como mejor medio de supervivencia y que, simultáneamente proporcionan al organismo que las soporta una serie de substancias (vitaminas, enzimas, etc) que ayudan al desarrollo y funciones correctas del ser. Junto a ellas existen, en pequeña proporción, agentes patógenos que son controlados por la mayoría simbionte no patógena, pero que sí tienen un efecto beneficioso porque estimulan las defensas del organismo contra estos microorganismos. Si estos microrganismos patogénicos pasan a ser mayoritarios (en número función, se produce la Disbiosis y dan lugar a cambios patológicos del sistema inmunitario.
  • Se propone un nuevo mecanismo de facilitación en la progresión hacia la EA/demencia. La flora microbiana patogénica produce aminoácidos tóxicos (isoleucina, fenilalanina) que inducen la estimulación de linfocitos tóxicos (Th1, Th17) en sangre periférica. Estas células traspasan la barrera hematoencefálica e inducen una reacción neuroinflamatoria en el cerebro. Activan a células de la microglía para producir neuroinflamación y activan la producción de amiloide y fosfo-tau, todo ello considerado inductor de neurodegeneración Alzheimer.
  • Estas suposiciones han sido comprobadas en modelos Alzheimer (animales transgénicos- ratones- que portan genes humanos de Alzheimer genético) y que muestran tanto su mayor progresión en alteraciones Alzheimer con la alteración de la microbiota, como los cambios en los aminoácidos periféricos como en inducción de linficitos tóxicos y neuroinflamación cerebral.
  • En un estudio en humanos, afectados de “transtorno Cognitivo Leve- EA (¿EA?) aseguran que en sangre periférica encuentran aumento de los aminoácidos referenciados y aumento de célula Th1 y Th17.
  • En estudios preclínicos con los modelos transgénicos animales, así como en un estudio clínico con pacientes humanos aseguran que una substancia (glicano, oligomanano obtenido de algas) puede normalizar la microbiota intestinal, tanto en los modelos animales como en humanos y reducir la progresión de la EA.

Este trabajo ha sido publicado por la prestigiosa Revista Cell Research pero con muchas reservas:  Debemos resaltar que la Revista ha encargado al Prof Holzmann, referente internacional en EA, un análisis de este trabajo. Su conclusión es que ciertamente la microbiota intestinal tiene una gran importancia en la regulación de la función cerebral a través de su implicación en el sistema inmunitario (innato o secundario) y su repercusión en los fenómenos pro-inflamatorios (tanto EA como Parkinson y otras enfermedades neurodegenerativas), pero que no queda claro ni el posible mecanismo ni la actuación del oligomanano, ni en su posible prevención de la EA.

Por otro lado, la FAE considera que los estudios clínicos se han realizado en dos grupos muy reducidos (9 y 22 casos patológicos) de pacientes MCI-EA ( ¿?), no bien filiados, autorizados por la Agencia China competente [LA FAE ha intentado conocer los criterios de control de esta Agencia, sin obtener respuesta. NO SON LOS MISMOS APLICADOS POR LA AGENCIA EUROPEA O LA AMERICANA, de aplicación en Occidente). DE manera general los estudios clínicos (muy bien regulados en Occidente)  en Fase I comprenden 100-200 casos; en Fase II, 200-500; y en Fase III, 1000-5000 casos. Ello supone un elevadísimo coste que debería ser reconsiderado, pero que indudablemente aporta unas garantías muy valorables.

EN ESTOS MOMENTOS, LA FAE NO PUEDE PRONUNCIARSE A FAVOR DE NUEVAS TERAPIAS PARA LA EA, estando a la espera de estudios clínicos regulados por las Agencias Europea y Americana. Sin embargo, sí se puede afirmar que la alimentación correcta (nuestra dieta mediterránea en especial) disminuye los riesgos para disminuir la EA como está científicamente comprobado.

BIBLIOGRAFÍA

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